Putin sabe que los ideales europeos han tenido influencia en la batalla ucraniana, por eso busca el acercamiento a algunos grupos extremistas europeos que buscan el fin de la UE”, sostiene Edward W. Walker (“La quinta columna europea de Putin” –Project Syndicate-). El deseo de unirse a la comunidad de Estados democráticos incentivó la caída de las dictaduras de España, Portugal y Grecia en los 70, de los antiguos países comunistas y la de Yanukovich en 2014. Putin se beneficiaría con la desaparición de la UE porque se acabaría un modelo que guía a muchos países aspirantes. Putin lo sabe y tiende la mano a los euroescépticos: ofrece ayuda financiera al Frente Nacional francés, quiere comprar periódicos en Reino Unido y Francia, e impulsa un lobby contra la hidrofracturación en Lituania y Rumanía.

El presidente ruso tiene el apoyo de intelectuales y políticos europeos. Su narrativa es abrazada en tiempos de crisis europea. “Se aproxima una guerra de valores entre la democracia y la libertad de la UE y el autoritarismo de Putin”, previene Walker (PS). “La Rusia de Putin no ha querido nunca realmente formar parte de Europa, un continente que ahora se define según las normas y procesos de la UE”, argumenta Josef Janning (“Ruxit se hace real: Rusia sale de Europa” –European Council on Foreign Relations-). Rusia -tras la guerra de Ucrania- parece reafirmarse y busca ser tratada como potencia de primer orden, que un pasado reciente fue desoída. Rusia es ahora “anti-Europa” y solo busca que Occidente vuelva a temer su fuerza. “Sin embargo, Putin teme el ‘poder blando’ de la UE porque no tiene respuesta ante él. Irónicamente, el líder ruso puede convertirse en artífice del federalismo europeo, mientras que su intento de unir a Eurasia pone de relieve la diversidad real de los actores inmersos en lo que Putin imagina como el espacio ruso”, completa Janning (ECFR).

“Los daños colaterales de la lucha en el Donbás se extienden más allá de las fronteras de Ucrania, han afectado a los esfuerzos de Moscú por integrar a los países de su área de influencia. Muchos en Eurasia temen invasiones similares con la excusa de que en su territorio viven ciudadanos de origen ruso”, explica Kirk Bennett (“Daños colaterales” –The American Interest-). La posición de Moscú en Ucrania es poco envidiable a largo plazo, pero una retirada rusa es impensable por razones internas y geopolíticas. Rusia puede hacer mucho daño en Ucrania, pero tiene pocas posibilidades de lograr algo positivo para sus intereses (TAI). “En más de 20 años Europa no ha sido capaz de encontrar el acomodo con Rusia, pero el país sigue siendo el principal socio de la UE”, cierra Ivan Marino (“Europa debería temer a la débil Rusia” –Pravda-).